jueves, 8 de agosto de 2024

INTRODUCCIÓN



DE COMO NACIÓ JULIETA

Me contaron esta historia, totalmente extraña, conmovedora e inexplicable; el cuál sucedió en las montañas de los Andes peruanos, en un pequeño caserío, que no llegaba a ser ni siquiera una aldea. Un pueblecillo triste y olvidado, incrustado entre las montañas de la cadena andina. 
Eran los años 70, y aún no había llegado ningún vehículo de motor a ese remoto lugar, por su única y empinada calle apenas se prestaba para la circulacion de alguna bicicleta que tenía don Fulgencio, el dueño de la única tienda del lugar. El resto de los pobladores preferían usar los caballos y burros, que facilitaban el transporte de la carga por cada agreste camino que conectaba las casas y ranchos. 
Sin conocer el nombre de la zona, mi narrador amigo me dijo que el pueblecito se llamaba; "Llamcay". Con su voz grave a causa de alguna inflamación cronica de su garganta, empezó a narrarme la siguiente historia:

En una mañana gris nació la niña.
tan tierna y aterrada,
con el primer fulgor de la alborada,
llameando así rosáceo,
como pétalos de pálidas azucenas.
Sus manecitas empuñadas
se agitaban temblorosas
como una protesta al cielo,
por su futuro incierto.
agitándose en el aire
al son de su llanto y voz que estrenaba,
apagaba los gemidos
que su madre daba ante la partera.

Resonaba de la niña el llanto, 
en un rincón y sobre mantas frías, 
y ahí una partera escuálida
asistía presurosa a la madre 
para que la placenta sacra 
fuera expulsada pronto
por la primeriza parturienta.

Paños calientes, bebidas quemantes, 
frotaciones y mejunjes, 
trabajos de parto persistente
y tantos tratamientos,
no pudieron hacer efecto 
y la placenta se quedó.

Julieta, así dijo su madre que ella se llamaría, y en ese rincón de mantas y pellejos de oveja, ella se estremeció extraña al sentir los lengüetazos del canido peludo, que muy amable le otorgaba generosamente el animal, para limpiar los restos del líquido amniótico adheridos a su frágil cuerpecito de bebé. Y después de otros tantos lengüetazos la perra "chusca" la rodeó entre sus patas para estrecharla cálida en su panza caliente. Y Julieta, calló su llanto.

Había nacido una flor,
o quizá una ortiga,
o quizá mejor una escorzonera.

Todo había quedado en silencio, un aire frío entró por las rendijas de la choza, las tres familias vecinas que vivían cerca, ni siquiera atisbaron para saber sobre los trabajos de parto de Cansina. había un rechazo férreo, principalmente de parte de las esposas de los tres vecinos que también eran hermanos: Manuel, Eufracio y Alejandro.
Cansina había llegado hace cinco meses atrás, con un embarazo notorio, pidiendo ayuda para tener que trabajar y en lo que sea y para tener un lugar donde dar a luz a su bebé. las tres familias les habian recibido a cambio de que ella ayudara a las tres familias en labores del campo y otras faenas del hogar. Cansina sonreía a todos, era su manera de ganarse el aprecio de sus benefactores, pero esto no gustaba a sus mujeres quienes interpretaron como una mujer coqueta y que seguramente por eso estaba embarazada. Y prohibieron totalmente a sus esposos ir a ver a la "huachapacuj", que así se le llamaba a las mujeres que daban a luz sin tener marido.

Volvamos al trabajo de parto de Cansina. Ella estaba tirada exhausta y no queria cooperar para terminar expulsar la placenta, y la partera estaba desesperada por lograr que Cansina pudiera terminar con sacarse la placenta. La partera no quería que volviera a suceder como le ocurrió hace cuatro años cuando una madre primeriza le dejó con un niño, que al final ella tuvo que vender al niño, después de casi un año de tenerlo. Hoy no se repitiria la misma historia, y por eso estaba desesperada.
- Por favor un esfuerzo más. Le dijo a la parturienta. 
- Un esfuerzo mas no seas zonza, si no te vas a morir huahuacha. ¿wañuytachu muñanqui? le dijo en quechua. Que significa, "¿acaso te vas a morir?"

Entonces Cansina tomó aire e hizo un gran esfuerzo y se puso a pujar y pujar, cuando hacia suesfuerzo y daba su último grito desgarrador y a la vez lastimero, esta se oyó como si fuera el último aliento de un alma que se muere, y en ese instante cayó la bolsa sacra que era la causa de que Julieta estuviera ahí totalmente olvidada, aunque abrigada por su nueva amiga peluda, su amiga Chusca.
Después de ese grito, la nueva madre perdió la conciencia, alcohol y otros ungüentos, pasaron por su nariz y todo su cuerpo, y después un par de bofetadas ella se despertó exhausta y al instante dijo con voz débil:
- Mi bebé. Mi wawa.
y voló su pensamiento a ese rincón. porque entre sus trabajos de expulsar la placenta había visto a la perra que muy tierna abrigaba a Julieta. Y la madre lloró amargamente, mirando a su hija allí, y sintiendo un extraño presentimiento sobre el futuro de su hija.

(Autor: Paco Cóndor Inche
Todos los Derechos Reservados).

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